viernes, 16 de julio de 2010

CINE DE AUTOR: ARARAT

TÍTULO ORIGINAL: Ararat
AÑO: 2002
DURACIÓN: 116 min.
PAÍS: Canada
DIRECTOR: Atom Egoyan
GUIÓN: Atom Egoyan
MÚSICA: Mychael Danna
FOTOGRAFÍA: Paul Sarossy
REPARTO: Charles Aznavour, Christopher Plummer, Elias Koteas, Eric Bogosian, Arsinée Khanjian, Brent Carver, Marie-Josée Croze, Bruce Greenwood, David Alpay
PRODUCTORA: Miramax
WEB OFICIAL: http://www.miramax.com/ararat/index.html
GÉNERO: Drama


Si un evento se ha retratado infinidad de ocasiones en el cine, es sin duda el del holocausto judío, el cual hasta la fecha es uno de los pasajes más dolorosos en la historia moderna de la humanidad. Es por ese motivo que han existido producciones tan fastuosas como La Lista de Schindler (1993) del señor Spielberg, que en dos ocasiones más a tratado de revisar esta historia con mayor o menor acierto con Rescatando al Soldado Ryan (1998) y Munich (2005), que dan la sensación de ser obras un tanto incompletas, ya que aunque cumplen con creces su apartado visual, en su discurso flaquean por estar plagadas de grandilocuencia.

Sin embargo, también encontramos obras que tratan el mismo tema con más sinceridad, razón por la cual se vuelven imprescindibles (al menos para el que esto escribe) y por tal motivo han quedado para la posteridad, estas son cintas como Amén (Constantin Costa-Gavras, 2002) o La Lista Negra (2006) del siempre incorruptible en su forma de pensar Paul Verhoeven. Empero usted distinguido lector se preguntará ¿qué tiene que ver todo lo que acabo de escribir con la cinta que voy a reseñar? pues el hecho de que directores como el mencionado Spielberg o Polanski, hayan exorcizado sus demonios a través de sus obras.

Es por eso que el realizador canadiense Atom Egoyan de descendencia armenia, aborda con Ararat (el cual es un monte a las afueras del pueblo del mismo nombre, donde se desarrolla parte de la historia) un tema no menos espeluznante y lo que es peor poco conocido, el exterminio del pueblo armenio a manos del Gobierno Turco. Sin embargo y lejos de realizar la típica cinta donde se desarrollan personajes situados en la epoca del conflicto, Egoyan opta por contarnos esta a través de diversos personajes en tiempo presente.

Personajes que en un inicio parecen no tener ninguna conexión, pero que conforme avanza la trama estos irán revelando la importancia de su presencia en el relato, incluso algunos se cruzaran en la historia. Todo comienza cuando un famoso director Arshile Gorky (Simon Abkarian) llega a Canada para realizar un largometraje acerca del genocidio armenio, al pasar por la aduana del país es atendido por un agente de seguridad llamado David (Christopher Plummer), el cual le hace las preguntas de rutina y cuestiona por que ha elegido este país para filmar su cinta, a lo que Arshile le contesta que es imposible filmar en Turquía por el tema del film, incluso le dice que el Gobierno de ese país aun no reconoce dichos acontecimientos. Al final de la pequeña charla David lo deja ingresar.

Después asistimos a otra escena, en donde David (Plummer) desayuna con su hijo Philip (Brent Carver), la pareja de este, Ali (Elias Koteas) y su nieto. En este escena se dan algunas reflexiones donde se cuestiona la solvencia de religión como una institución y la tolerancia hacia los sectores marginados de la sociedad (como podría ser la comunidad gay), los cuales giran en torno al personaje del menor, lo que hace más interesante esta.

En otro punto de la historia conocemos a Ani (Arsinée Khanjian) una escritora que ha investigado la vida de un pintor armenio llamado Gorky, sobre todo lo referente a una enigmática pintura que realizo el artista y en donde aparece él cuando era niño con su madre, esta imagen hace referencia a los acontecimientos del genocidio armenio que se dio aproximadamente en el año 1909. Por tal motivo Ani (Khanjian) exorciza sus demonios a través de la investigación de este personaje, el cual fue fundamental en la resistencia armenia cuando era niño.

Ani tiene un hijo llamado Raffi (David Alpay) un joven que se encuentra confundido ya que se encuentra entre la espada y la pared en cuanto a sus sentimientos hacia su novia, que por cierto es su media hermana (Marie-Josée Croze) y su propia madre, la cual nunca le ha dicho la verdadera historia de la muerte de su padre. Por otro lado Celia (Marie-Josée Croze) su media hermana odia a Ani por ser culpable de la supuesta muerte de su padre, esto provoca que Raffi (Alpay) cuestione a su madre por ocultar supuestamente la verdad de estos acontecimientos.

Sin embargo un acontecimiento (la filmación de la cinta de Arshile) hará que Ani, Raffi, David, Ali y Celia enfrenten sus propios demonios internos a través de esta cinta, por tal motivo aspectos como la fe, la religión, el amor, la libertad, la sexualidad, pero sobre todo la exposición de la verdad a los sucesos ocurridos, serán debelados para que esto nunca vuelva a suceder, por lo cual el verdadero mensaje de la cinta es la de la tolerancia en todos los aspectos.

Con este planteamiento el realizador canadiense entrega una interesante y no menos emotiva cinta, donde la mayor virtud es sin duda la narrativa, la cual aunque en ocasiones pudiera percibirse lenta e incluso dispersa (por la gran variedad de personajes y situaciones que convergen), esta conforme avanza nos muestra los diversos elementos que enriquecen el relato, el cual dicho sea de paso conecta con el espectador ya que se presenta despojado de artimañas sensibleras y no tiene otra finalidad más que la de mostrar los hechos.

Asi mismo es importante hacer mención de la interpretación de los actores es excelente, por mucho que la mayoría sean medianamente conocidos, a excepción del imponente Christopher Plummer, que igual y particicpa en Blockbusters veraniegos y te hace interpretaciones en producciones más pequeñas en lo que se refiere a presupuesto, sin embargo este veterano actor se percibe comprometido a realizar su labor. Como es el caso de Elias Koteas otro actor un tanto de la predilección de Egoyan, el cual al igual que Plummer realiza una buena interpretación, con todo y que ambos actores, como el resto del casting no ocupan mucho tiempo frente a cámaras, más sin embargo estos demuestran que no hay papeles pequeños si no grandes interpretaciones.

Esto se logra gracias a que los personajes tienen la misma importancia en la historia, además de que sus motivaciones, reacciones, conflictos, etc. se pueden percibir como reales, por lo que se evitan los clichés o personajes acartonados. Por otra parte, el apartado visual es estupendo, y la puesta en escena es genial, asi como la recreación de los eventos ocurridos en el siglo XIX (hay que mencionar que Egoyan combina diferentes épocas al contar su historia).

Asi que no me queda otra cosa más que recomendar esta excelente cinta, la cual es un importante documento no solamente a nivel cinematográfico si no antropológico y que además nos recuerda lo idiota que resultan las guerras.

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