sábado, 29 de septiembre de 2012

ROBOCOP de Paul Verhoeven

TÍTULO ORIGINAL: Robocop
AÑO: 1987
DURACIÓN: 103 min.
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Paul Verhoeven
GUIÓN: Edward Neumeier, Michael Miner
FOTOGRAFÍA: Jost Vacano
MUSICA: Basil Poledouries
REPARTO: Peter Weller, Nancy Allen, Daniel O'Herlihy, Ronny Cox, Kurtwood Smith, Miguel Ferrer
PRODUCTORA: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)
GÉNERO: Ciencia Ficción.
 


¿Cómo te llamas hijo?
El viejo (Dan O´Herlihy)
Mis amigos me llaman Murphy. Tu llámame Robocop.
Murphy (Peter Weller) 


Antes de comenzar con este análisis, el que esto escribe pide de antemano una disculpa para aquellos seguidores del blog si es que su servidor en ocasiones es bastante reiterativo en cuanto a compartir ese apartado nostálgico que desprende la revisión del material que se examina en el sitio, sin embargo para un sujeto que ama el cine es inevitable no conectarse con dichas impresiones que ha dejado a lo largo del tiempo esa maravillosa práctica que significó (y significa aun) sentarse frente a una pantalla mientras los fotogramas que corren a veinticuatro cuadros por segundo destilan maravillosas historias las cuales quedaran para siempre en la mente del espectador  que se entrega voluntariamente a ese viaje tan exquisito llamado experiencia cinematográfica (aunque algunas veces de verdad quisiera ya no volver a recordar las infames obras de sujetos como Michael Bay o Paul WS Anderson).

Por tal motivo esta primera cinta del director holandés Paul Verhoeven en tierras norteamericanas llamada simplemente Robocop ha permeado en la mente de su servilleta desde aquel momento en el cual un mozalbete de tan solo ocho años vislumbrara en aquel aparador de un viejo cine ese enigmático y a la vez contundente poster donde la imagen del mencionado protagonista emergía de una patrulla, de ahí que fuese inevitable que el que esto escribe tuviera esa cita con la cinta de Verhoeven (aunque hubiese sido en formato beta en la comodidad de una sala),  eso sí para la secuela del año 1990 pude asistir al cine con mis padres para ver como el agente Alex J. Murphy (Peter Weller) enfrentaba ese distópico y violento futuro que planteaba Frank Miller en su discurso sobre la corrupción y decadencia del ser humano de una ciudad de Detroit industrializada. Bueno pero volviendo al film de Verhoeven hay que decir que este es de verdad un peliculón, una cinta adelantada a su época pues ahora que la he vuelto a revisar en formato bluray (jajaja, se que se escucha mamón pero hay que aprovechar la tecnología) me he dado cuenta que su discurso está más vigente que nunca y lo mejor de todo es descubrir que visualmente esta no ha caducado para nada.

La historia es la siguiente, la ciudad de Detroit sufre su peor época en lo referente a seguridad pública y social, los índices de criminalidad que incluyen robo, homicidios, comercialización de drogas y lo peor el asesinato de policías se encuentran por las nubes, es por esto que tanto la sociedad civil como los agentes del orden perecen diariamente a manos de una violenta y peligrosa banda encabezada por un mafioso llamado Clarence Boddicker (Kurtwood Smith) dueño de las actividades clandestinas en los barrios bajos de la ciudad. Por tal aspecto los agentes de la ley  planean irse a huelga como forma de protesta cuando ven que no son apoyados por las autoridades locales, de ahí que la poderosa empresa llamada OCP planee la privatización de la policía para supuestamente ayudar al ayuntamiento para controlar la ola de crimen, empero la verdadera finalidad de esta es que dueño de la misma (Dan O´Herlihy) planea construir una nueva y moderna ciudad llamada Delta City en la vieja Detroit con el objetivo de ganar millones de dólares privatizando servicios por lo cual este le encarga a su mano derecha, un ambiciosos sujeto llamado Dick Jones (Ronny Cox) introduzca un nuevo prototipo de policías, un armatoste, el ED-209, el cual se planea en un futuro comercializarse en guerras para disminuir las bajas humanas, y por supuesto incrementar las ganancias de la compañía.

Sin embargo los planes de Jones (Cox) salen mal cuando un mal funcionamiento de su invención sale mal (el robot masacra a balazos a uno de los ejecutivos de la empresa), por cierto aquí debo hacer un paréntesis ya que esta escena comienza a vislumbrar ese lúgubre, mal sano e incisivo discurso sobre el capitalismo desmesurado de las sociedades modernas en donde el individuo vale menos que un tostón, si no basta con presenciar como el viejo  (Dan O´Herlihy) reclama de manera enardecida a Dick Jones lo decepcionado que esta al ver que su prototipo no ha funcionado, y por ende el costo económico que le costará a la OCP, mientras el espectador desconcertado no sabe si horrorizarse o reír sarcásticamente (como un servidor) al presenciar el cuerpo inerte de un sujeto que parece más una masa amorfa de picadillo que un humano el cual yace sobre un escritorio y el cual no parece interesarle a nadie. Empero este fatídico acontecimiento u “oportunidad” como lo ha tomado el joven y también ambicioso Bob Torton (Miguel Ferrer) sirve para que éste presente al mandamás de OCP el proyecto Robocop, el cual operará cuando “un candidato” viable esté disponible, de ahí que el plan queda autorizado.
 
Y es en ese momento donde entra en escena nuestro protagonista el joven policía recién transferido Alex J. Murphy (Peter Weller), quien perece en su primer día de trabajo cuando éste y su compañera la Oficial Anne Lewis (Nancy Allen) enfrentan a Clarence Boddicker (Kurtwood Smith) y sus hombres. Cabe hacer mención que la secuencia del ajusticiamiento de Murphy a manos de los maleantes aún sigue causando en un servidor bastante incomodidad por la crudeza visual de su montaje, y es que uno de verdad percibe el dolor que experimenta el pobre protagonico cuando es acribillado; lo que sigue después es presenciar como el cuerpo inerte del agente es transferido de urgencia a las instalaciones médicas de la OCP para que sirva como prospecto para el proyecto Robocop, y es así como el oficial  Murphy es declarado oficialmente muerto y lo que resta de su cuerpo (el cerebro básicamente) es proclamado propiedad de la empresa.

Lo que sigue después es presenciar de manera ágil y de nuevo con un discurso bastante contundente ese análisis sobre la despersonalización del individuo (y eso que aún no existía el Facebook), a través de ese proceso de transformación de la endeble humanidad del protagonista  en  máquina, quien al ser despojado de voluntad gracias a la implementación extremidades mecánicas pero sobre todo a la inserción de un software, el sujeto  es convertido en  el primer policía incorruptible (está programado con ciertas directrices que le impiden tomar decisiones propias) el cual tiene como principal tarea limpiar a la ciudad de esa enfermedad que representa “la basura blanca” de la cual está infectada. Sin embargo con lo que no contaba la OCP es que por más que se quisieron borrar todo vestigio de humanidad del agente Murphy, sus recuerdos y memorias permearan para hacer de Robocop un ente con moral (aunque parezca paradójico), motivo por lo cual el héroe logra desprenderse de esa actividad anárquica con la que fue creado.

De ahí que su servidor encuentre en un inteligentísimo guión uno de los aspectos más macizos del film (claro que la ejecución por parte de Paul Verhoeven está al nivel de lo plasmado en papel) pues este teje infinidad de aristas que desencadenan en varias disertaciones aspectos que abordan la privatización de los servicios públicos, la corrupción de las instituciones, el consumismo desmedido (lo del auto 6000 SUX es prueba fehaciente de esto) y sobre todo la descomposición a nivel moral de la sociedad; empero dentro de tanta funestidad en este magnífico relato cyberpunk emerge esa luz de esperanza simbolizada en el personaje de Robocop, quien se encuentra en una constante lucha por encontrar la cordura mental aunque tenga que pelear con su nuevo cuerpo, actitudes  propias de la obra del también excelente realizador David Cronenberg. Por tal motivo esa aparente y sencilla trama se va desarrollando de una manera bastante fluida gracias a una portentosa dirección por parte del director holandés quien a base de pasajes llenos de dosis de humor negro (los cortes informativos del noticiero local que aparecen a lo largo del metraje son una delicia y están adelantados a su época, ¿Quién diría que hace 25 años Verhoeven vaticinara esa cruenta lucha del ejército norteamericano en tierra aztecas contra organizaciones de narcotraficantes?) pero sobre todo a la implementación de una violencia gráfica que roza el paroxismo más puro que sirven como vehículo ideológico para redondear un discurso despojado de maniqueísmos baratos, al tiempo que las diversas subtramas se resuelven favorablemente sin dejar cabos sueltos.

Por otra parte debo decir que la cuestión visual es excelente puesto que el hecho de que la historia no esté situada en un futuro concreto hace que la moderna arquitectura de la ciudad de Texas (la cual se tomó como la urbe para representar la decadente Detroit) se perciba atemporal, así como el diseño que Rob Bottin, realizador de efectos especiales para las cintas  Maniac (Lustig, 1980), Aullido (Dante, 1981) o La Cosa del otro Mundo (Carpenter, 1982) quien realiza un atractivo trabajo con el traje que inmortalizaría a Peter Weller haciendo que el moderno cyborg luzca imponente y a la vez sofisticado. En lo referente al apartado histriónico debo decir que todo el equipo de actores hace un trabajo encomiable, comenzando con un Peter Weller que logra dotar de phatos a un personaje que parece no mostrar emociones, de ahí que la labor del histrión sea de admirar logrando la empatía del respetable con todo y que este se encuentra  la mayor parte del tiempo bajo el velo que representa su casco.

Así mismo la antítesis del mecanizado héroe, el desalmado Clarence Boddicker interpretado efectivamente por Kurtwood Smith y sus compinches los sádicos Emil (Paul McCrane) y Leon (Ray Wise) componen a unos verdaderos villanos despojados de cualquier ápice de moral y ningún tipo de remordimiento ante sus funestos actos, sin embargo tal vez el proceder de Dick Jones (Rony Cox) se perciba de igual manera o peor aún a las de sus gatilleros, pues el hecho de que este sujeto no jale de un gatillo no lo excluye de tener las manos llenas de sangre cuando solo tiene que realizar una llamada telefónica y afectar millones de vidas. Finalmente Nancy Allen se desenvuelve de manera correcta como la compañera de Murphy, aun y cuando su personaje no tiene mucho tiempo frente a pantalla.

Finalmente el trabajo de Paul Verhoeven detrás de cámaras es el de un autor comprometido con el material que tiene en sus manos (aunque en un inicio rechazo el proyecto) y hace de un simple film de acción una inteligente película de ciencia ficción llena de matices  a nivel ideológico que pueden parecer más sencillos de lo  que de verdad son (hay que leer entre líneas), así mismo esa postura políticamente incorrecta demuestra que estamos muy lejos de volver a ver cintas como esta en el moderno Hollywood al tiempo que logra imprimirle un estilo visual muy particular  gracias a una composición de encuadres que dan fluidez al relato; así como una excelente fotografía a cargo de Jost Vacano con esa paleta en tonos fríos ahundan más en ese microuniverso tecnoindustrializado y pesimista, por supuesto la banda sonora de Basil Poledouries es ya un referente cultural como lo es por ejemplo el tema de Jaws (Spielberg, 1975)Superman: La Película (Donner, 1978) de John Williams. En definitiva, sí usted  estimado lector aún no ha visto esta excelente cinta cyberpunk no lo piense más y descubra una verdadera obra de un visionario, la cual ha permanecido en la mente de un sujeto de treinta y tantos años desde aquel lejano verano cuando un viejo y casi derruido cine le mostró aquel emblemático poster. 


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