lunes, 24 de marzo de 2014

SALÓ O LOS 120 DÍAS EN SODOMA de Pier Paolo Pasolini

Título original: Saló o le 120 giornate di Sodoma
Año: 1975
Duración: 117 min.
País: Italia
Director: Pier Paolo Pasolini
Guión: Pier Paolo Pasolini (Novela: Marqués de Sade)
Música: Ennio Morricone Fotografía: Tonino Delli Colli
Reparto: Paolo Bonacelli, Giorgio Cataldi, Umberto Paolo Quintavalle, Aldo Valletti, Caterina Boratto, Elsa De Giorgi, Sonia Saviange
Productora: Coproducción Italia-Francia
Género: Drama.




Fue en el año de 1785 que el marqués de Sade escribió Los 120 días en Sodoma (o La Escuela del Libertinaje) durante su estancia en la prisión de Bastilla, en dicha novela el escritor narra una serie de atrocidades (para ser exactos seiscientas que comprenden los cuatro pasajes del libro) en las cuales se explica con total exactitud y explicitud infinidad de prácticas que comprendían el asesinato, la pederastia, zoofilia, necrofilia y una larga lista de filias proporcionadas por cuatro libertinos que han decidido dar rienda suelta a sus más bajos instintos. Motivo por el cual dicho manuscrito (como casi toda su obra) era considerada no menos que pornografía y un acto blasfemo, sin embargo para aquel que haya leído la obra de Sade (o los 120 días en Sodoma en especial) podrá asistir que detrás de tan horribles acontecimientos, se encuentra una acérrima critica a las instituciones como la iglesia, la clase política, y al propio pueblo sometido, por lo cual los acontecimientos ahí narrados son por supuesto parábolas de la condición humana, una verdadera obra literaria que trasciende su época por lo actual de su discurso.

Pues bien tuvieron que pasar casi dos siglos para que otro autor (probablemente el último hombre del renacimiento en pleno siglo XX, pues escribía poesía, ensayos, era escenógrafo y en su última etapa director de cine) como Pier Paolo Pasolini (también criticado y vapuleado por sus posturas ideológicas) retomara los 120 Días del marqués para hacer una reinterpretación, ahora a través del medio audiovisual, por lo cual y sin temor a equivocarme puedo acotar que surge una de las cintas más arriesgadas, inteligentes y contestatarias en la historia del cine, pues tener los cojones de llevar a cabo dicho texto es toda una proeza sobre todo cuando se hieren intereses a varios niveles, especialmente cuando se les tocan los cojones a los cotos de poder, de ahí que el asesinato del propio Pasolini después del estreno de dicha cinta siempre servirá para especular la verdadera razón del artero crimen, el cual por cierto jamás calló el espíritu inconforme del autor italiano, si no contrariamente lo hizo más fuerte después de su deceso. 

El filme se ambienta en la Italia fascista de Mussolini, por lo cual podemos presenciar ya de entrada ese ambiente lúgubre y pesimista en la cinta (se muestran infinidad de soldados), acto seguido aparecen cuatro sujetos en un cuarto los cuales acaban de firmar un documento de vital importancia (el cual se conocerá posteriormente como ese manual del libertinaje); estos tipos son un Obispo (Giorgio Cataldi), un Duque (Paolo Bonacelli), un Magistrado (Umberto Quintavalle) y el Presidente (Aldo Valletti), quienes después de acuñar sus firmas salen a una campiña alejada de la ciudad. Posteriormente en dicho lugar tres putas de edad avanzada conocidas como las señoras Castelli (Caterina Boratto), Maggi (Elsa De Giorgi) y Vaccari (Helene Surgere) se encargan de mostrarle a estos sujetos a varias niñas que fueron raptadas con anterioridad (que rozan los 15 años de edad) como si de ganado se tratara; estas son despojadas de sus ropajes  para que los individuos las toqueteen y las escojan a su antojo. Así mismo otros cuatro sujetos que no rebasan los dieciocho años de edad (conocidos como los jodedores o fornicadores) muestran a los cuatro libertinos también a un tanto más de jóvenes (ahora varones) también de la edad de las chicas, se repite el método de inspección y selección. Por último tanto el Obispo, el Duque, el Magistrado y el Presidente deciden que entre estos se casaran con sus propias hijas entre ellos, para que el trato quede cerrado y puedan aplicar infinidad de vejaciones a estas también.

Ahora ya que todo está “servido” los cuatro libertinos emprenden un viaje a un castillo alejado de la civilización junto al sequito de acompañantes para darle rienda suelta a sus más oscuros y perversos deseos. En ese castillo se leen las normas del libro del libertinaje, prácticamente a las ocho chicas y los ocho chicos ya nos les pertenecen sus vidas, durante los siguientes cuatro meses estos serán utilizados en prácticas tan repugnantes y infrahumanas que la muerte rápida será casi un regalo inexistente para estos. Pues mientras las tres “señoras” cuentas sus eróticos relatos, los cuatro libertinos fornicaran, violaran, sodomizaran y harán de los jóvenes lo que les plazca, todo esto hasta un apabullante y totalmente desgarrador final que no deja indiferente al espectador.

Visualizar Saló no es nada sencillo pues las imágenes que transmite Pasolini en cada fotograma son duros y bestiales, esto porque se encuentran cargados en su totalidad de nihilismo puro, ese nihilismo a la propia humanidad encarnado en unos personajes que no le importan un carajo al autor de Mama Roma (1962), que son mostrados como simples carnes de cañón (aspecto que traduce bastante bien de la obra de Sade), y es que de esto trata la historia, de que el espectador que se encuentra frente a la pantalla vea las atrocidades que los personajes  principales  ejercen sobre sus víctimas sin que nada se pueda hacer. De ahí que indudablemente el autor invita al respetable a ser partícipe de lo que está pasando frente a sus ojos. Por supuesto al igual que el relato original y aun con las concesiones tomadas por el autor italiano al trasladar el mismo a la gran pantalla, la cinta es una desgarradora parábola, una exploración a los lugares más oscuros y recónditos del  comportamiento humano.

De ahí que Pasolini vuelve a mostrar esa vena ideológica que tantos problemas le acarrearon en toda su carrera como autor  por no quedarse callado; motivo por el cual  no es casualidad que los cuatro principales personajes representen los poderes facticos que tanto daño hacen al hombre cuando son llevados al extremo o simplemente desvirtuados en su naturaleza (la religión, la política y la economía), por tal motivo es imposible encontrar algún aspecto gratuito tanto en fondo como en forma en Saló o los 120 días en Sodoma, es por esto que las escenas que muestran ingesta de excremento por parte de los personajes (una de las más asquerosas y repugnantes del filme), vejaciones a nivel sexual y psicológica; o para finalizar simplemente la tortura y el genocidio, son aspectos que Pasolini traduce a nivel visual de forma bastante cruda sin concesiones para con el respetable. Más sin embargo y por si la propia naturaleza de las imágenes no fueran lo suficientemente shoqueantes, estas duelen aún más por el discurso que se transmite entre líneas, por lo cual y como comentaba anteriormente, esta cinta no es fácil de ver no es para todos, pues además de soportar la tortuosa experiencia sensorial de visionarla; el espectador tendrá que hacer un esfuerzo para descifrarla.

¿O acaso esa ingesta y baño de excremento o la penetración fálica asestada en cualquier orificio anatómico por parte de los cuatro libertinos a sus víctimas, no es  más que una aproximación si usted quiere llamarlo bucólica por parte del autor para representar las condiciones sociopolíticas actuales del hombre? y es que el Saló de Pasolini  como el propio texto de Sade es indudablemente una alegoría que desgraciadamente no se torna para nada  anacrónica aun con los años. De nuevo pregunto, ¿acaso la implementación del capitalismo y el neoliberalismo como sistemas económicos no son menos que dichas vejaciones para una sociedad moderna?, o trabajar  largas jornadas laborales a cambio de míseros sueldos para tratar de adquirir préstamos hipotecarios impagables, ¿no son estocadas para la mayoría de las familias de una sociedad actual que solo busca subsistir, mientras los sujetos que se encuentran en las esferas de poder, insensibles como los mencionados libertinos ven como millones de personas perecen diariamente mientras estos se pudren en riquezas económicas?, al tiempo que la religión sirve como ese placebo para que dicho viacrucis parezca menos doloroso, aun y cuando este no sirva de nada como mencionaba Nietzche en su obra El Anticristo.

Es por eso que Pasolini habla de esa mierda en la cual estamos inmersos, esa mierda que se encuentra en nuestras conciencias, en nuestra ignorancia, esa mierda que aunque siempre este presente solo podrá ser minimizada dejando de lado la indiferencia y la apatía a varios niveles intelectivos y culturales; aspectos que se encuentran palpables en la obra de Pasolini, pero que indudablemente en esta cinta son más tangibles; es por ese motivo que esta cinta debe verse, pues su mensaje aunque duro no debe pasarse por alto. Ahora bien en cuanto a su apartado formal en lo que se refiere a los aspectos cinematográficos, el filme es portentoso, la puesta en escena es excelente pues la implementación en su mayoría de planos generales y una composición simétrica, hacen que todos los elementos que ahí se contienen brillen en la narración. Por supuesto el autor de Accattone (1961) emplea una crónica pausada para que se desarrollen todos los aspectos neurálgicos de la historia y por supuesto los perfiles psicológicos de los personajes principales.

Por otra parte hay que puntualizar que tanto el cuarteto principal  de actores (los ya  mencionados Giorgio Cataldi, Paolo Bonacelli, Umberto Quintavalle y Aldo Valletti), así como el resto del reparto encaran con osadía unos personajes bastante difíciles de desarrollar, haciéndolo con total aplomo que merecen toda la admiración del respetable. Locura, desolación, muerte, vergüenza, dolor y una falta total de redención son los aspectos que se encuentran en los performances de los actores, aspectos que hacen aún más enriquecedor el resultado final de dicha obra y por supuesto su mensaje semántico final. Ya para finalizar diré que Saló o los 120 días en Sodoma es una obra arriesgada la cual debe verse aun y cuando resulte repulsiva en su visionado, pues este es un cine que no busca complacer, si no contrariamente trascender gracias a la honestidad de su propia naturaleza como debería ser el propio arte. 

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