lunes, 25 de marzo de 2013

HARRY BROWN de Daniel Barber

TÍTULO ORIGINAL: Harry Brown
DIRECTOR: Daniel Barber
GUIÓN: Gary Young
FOTOGRAFÍA: Martin Ruhe
MUSICA: Ruth Barret, Martin Phipps
REPARTO: Michael Caine, Emily Mortimer, Ian Glen, Jack O´Connell, Liam Cunningham, Sean Harris, Amy Steel, Ben Drew, David Bradley, Raza Jaffrey, Joseph Gilgun.
PRODUCTORA: Marv Films / Prescience Film Fund / UK Film Council
GÉNERO: Thriller.

De un tiempo para acá se ha dado un fenómeno bastante peculiar en el cual ciertos directores y/o interpretes realizan un ejercicio un tanto revisionista sobre el cine que se volvió un referente en la propia historia del cine (o que los marco de manera personal), de ahí que inevitablemente figuras como Clint Eastwood, Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Robert De Niro o el propio Micheal Caine sean retomados como héroes cinematográficos en proyectos que a las nuevas generaciones podrían parecerles bastante anacrónicos en una era digital donde las virtudes del individuo ya no se miden por la sapienza o la interacción personal del mismo, sino por cuantos amigos se tienen en Facebook; y si a esto aunamos  que las nuevas audiencias no han revisado el trabajo más emblemático de dichos sujetos, pues difícilmente pueden darles el justo valor a dichas figuras. Empero y haciendo un poco de memoria podemos descubrir que el mismísimo Quentin Tarantino ya había ejecutado este ejercicio desde sus primeras obras como Pulp Fiction (1994) o Jackie Brown (1997) donde  este rescataba  del olvido a actores como John Travolta, Pam Grier, Robert Forster e incluso a un Michael Keaton en horas bajas con el objeto de revalorizar su trabajo.

Pues bien y siguiendo en esta tónica postmodernista, el gran actor Michael Caine quien ahora es un reconocido y respetado actor dramático por sus grandes dotes histriónicos, capaz  de elevar la calidad de cintas con su sola presencia y pocos minutos frente a cámara como lo hiciera en Los Hijos del Hombre (Cuarón, 2006) o The Dark Knight Rises (Nolan, 2012),  e incluso ser capaz de hacer que el respetable soporte infames títulos como Miss Simpatía (Petrie, 2000) o Hechizada (Ephron, 2005) por el hecho de verlo en escena, está de vuelta como si de un Harry Callahan o Paul Kersey se tratara en este interesante thriller llamado simplemente Harry Brown, donde la venganza y la justicia son el motor emocional de su protagónico (aunque estos aspectos estén separados por una línea muy tenue).

Sin embargo no es de extrañar que Caine interprete este tipo de papeles puesto que el actor británico protagonizó a finales de los años sesenta y principios de los setenta dos filmes que ya se han vuelto de culto como, Un Trabajo en Italia (Peter Collison, 1969) o Asesino Implacable (Mike Hodges, 1971) cintas en donde el actor cambiaba de registro en comparación al casanova incurable de la cinta Alfie (Gilbert, 1966), por cierto y haciendo un paréntesis debo mencionar que los dos primeros títulos tienen sus respectivos remakes bastante decentes pero inferiores a las originales, el primero protagonizado por Mark Wahlberg y un Jason Statham antes de ser una súper estrella del cine de acción, y el segundo por Sylvester Stallone quien se hace acompañar de Mickey Rourke y del propio  Mr. Caine. Pero ya centrándonos en el filme de Daniel Barber, esta nos cuenta la historia de un ex marine de ochenta años jubilado, llamado Harry Brown (Caine), el cual vive en unos suburbios londinenses donde la prostitución, las drogas y la delincuencia son controlados por bandas juveniles que tiene asoleados a los habitantes del lugar, motivo por lo cual los moradores del complejo habitacional se han hecho de la vista gorda para no meterse en problemas con la peligrosa banda que se encuentra liderada por un chico llamado Noel Winters (Ben Drew) hijo de un narco que se encuentra recluido pero que cedió el poder al chico.

Total que la vida de Harry Brown (Caine) transcurre algo tranquila entre las visitas al bar de la localidad junto a su amigo Leonard Attwell (David Bradley) quien insiste que el vecindario se ha vuelto menos que mierda, incluso le hace saber a Harry que ya no se siente seguro viviendo en el barrio por la inseguridad que provoca la banda de Winters. Empero el viejo Harry toma algo a la ligera el sentir de Leonard y le recomienda no preocuparse; pero días después los detectives Alice Frampton (Emily Mortimer) y Terry Hicock (Charlie Creed Miles) visitan a Harry para notificarle que el señor Attwell ha sido asesinado (pues este no tenía más conocidos) por lo cual le prometen dar con los responsables. Lo que sigue después es presenciar el desquebrajamiento moral y emocional de Harry quien con gran impotencia y tristeza se arrepiente de no haber escuchado a su amigo, de ahí que después de vivir su duelo este toma un poco de valor y comienza a vigilar a la pandilla local para descubrir si estos fueron los responsables de la muerte de su amigo.

Y como el respetable podrá inferir las primeras muertes a manos de Harry Brown son más una combinación de suerte y accidente, o simplemente el resultado de un juego perverso por parte del destino (asfixiante y sórdido es el momento en que el protagonista ejecuta a dos yunkies traficantes cuando intenta comprar un arma, mientras una mujer agoniza en la asquerosa morada de estos al haber sido violada y drogada), sin embargo estas marcan psicológica y moralmente a nuestro crepuscular protagónico para que tome el valor suficiente y dedique su existencia a acabar con Noel Winters y su banda de delincuentes para cambiar aunque sea un poco la repugnante realidad en la que se ve inmerso pese a que de ello dependa su propia vida y por supuesto a actuar fuera de la ley. Es curioso cuando uno vislumbra una cinta como Harry Brown y descubre que las cosas no han cambiado mucho en cuatro décadas al menos en cuanto al sentimiento de impotencia por parte de la sociedad ante sus instituciones que salva guardan la ley (los cuales se ven reflejados en el discurso del filme), las cuales parecen cada vez más alejadas del ciudadano común y corriente para brindarles procesos de legítima justicia.

Y es que el  que esto escribe cuenta con 33 años en los cuales gran parte de estos ha visto infinidad de cintas como las mencionadas Harry El Sucio (Siegel, 1971) y El Vengador Anónimo (Winner, 1974) con las cuales guarda infinidad de similitudes ideológicas el trabajo de Daniel Barber, e incluso varias de Steven Seagal (las cuales ya no compartían el legítimo discurso de las dos primeras mencionadas) o algunas de  Valentin Trujillo como Ratas de la Ciudad (ídem,1986) y Violación (ídem, 1989),  (ejercicios honestos por parte  de Trujillo para comprender el fenómeno de la injusticia en un país como México) y es interesante descubrir el fenómeno que causan estos filmes en el espectador desde lo chocante hasta cierta satisfacción o catarsis, pues indudablemente estos personajes representan ese alter ego que uno quisiera ser como si de Batman se tratara para verter aquella impotencia de no encontrar justicia. Por supuesto con esto quiero dejar en claro que la cinta de Barber en si no aporta nada nuevo al género pero su hora cuarenta minutos tampoco son un desperdicio pues el filme está bien hecho y se deja ver, más sin embargo el punto álgido del mismo es sin lugar a dudas la portentosa interpretación de Michael Caine quien borda su personaje con tal compromiso, que su Harry Brown se vuelve un sujeto de carne y hueso al cual apoyamos en sus motivaciones, e incluso es capaz de transmitir esa zozobra que experimenta cuando se encuentra en peligro inminente.

Y es que estamos ante uno de los actores más notables de su generación, un sujeto capaz de salvar alguna que otra situación un tanto jalada de los pelos en la historia, como por ejemplo cuando este se interna en un túnel y enfrenta a tiros a unos peligrosos pandilleros y sale ileso de tal confrontación, sin embargo el buen quehacer de Caine le da esa nota de credibilidad al relato por lo cual lo que podría parecer un telefilme se salva gracias al histrión británico. Por supuesto y como había comentado la labor de Barber detrás de cámaras también es loable pues este se preocupa por desarrollar con cierto brío unos personajes que no dejan de percibirse bastante arquetípicos, sin embargo el manejo de suspense está bien desarrollado y el filme no decae en ningún momento. Así mismo el filme se encuentra bastante bien en su apartado visual, al tiempo que las locaciones escogidas muestran ese Londres jodido a nivel cultural y social, lleno de etnias raciales, aspectos que casi nunca se muestra en los noticieros, y por supuesto la fotografía en tonos fríos viene a reforzar ese aire pesimista a la historia.

Ahora bien los personajes de soporte también sirven como engranes para que la historia avance y por supuesto para que se produzcan aquellos conflictos que el protagónico deberá sortear, por lo cual se agradecen las sobrias interpretaciones de Charlie Creed Miles y Emily Mortimer (como los comprometidos agentes de la ley), y por supuesto la interpretación tan visceral de Ben Drew como el joven Winters, sujeto que al final se descubre solo como un engrane en la gigantesca maquinaria que representan las organizaciones criminales, por lo cual  este también se descubre como una víctima más del medio y de la descomposición social del sujeto contemporáneo.

De ahí que sí, se pueden hallar algunas pinceladas sobre un análisis algo escueto de aspectos éticos y morales sobre tomar la justicia por propia mano (los personajes de los detectives que luchan contra los huecos legales que dan libertad al villano en turno es loable), más sin embargo todo queda en mera anécdota pues no se profundiza demasiado. Ya para finalizar diré que puedo recomendar ver Harry Brown como un sólido entretenimiento y no más, pues como comentaba el guión no es cosa de otro mundo y también es tramposo con algunas situaciones bastante improbables, empero bien vale su visionado para constatar que Michael Caine se encuentra en forma para seguir deleitándonos con geniales interpretaciones y por supuesto por la honestidad del producto.

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