viernes, 13 de mayo de 2011

Federico Fellini´s 8 1/2

TÍTULO ORIGINAL: Otto e mezzo (8½)
AÑO: 1963
DURACIÓN: 140 min.
PAÍS: Italia
DIRECTOR: Federico Fellini
GUIÓN: Tullio Pinelli, Federico Fellini, Ennio Flaiano, Brunello Rondi MÚSICA Nino Rota
FOTOGRAFÍA: Gianni di Venanzo
REPARTO: Marcello Mastroianni, Claudia Cardinale, Anouk Aimée, Sandra Milo, Rossella Falk, Barbara Steele, Mario Pisu, Guido Alberti, Madeleine LeBeau, Caterina Boratto, Annibale Ninchi, Giuditta Rissone, Eddra Gale, Tito Masini, Nadine Sanders, Georgia Simmons, Hazel Rogers, Riccardo Guglielmi, Giulio Paradisi, Maria Antonietta Beluzzi, Polidor, Maria Wertmuller, Rossella Como, Nino Rota PRODUCTORA: Coproducción Italia-Francia; Cineriz / Francinex
GÉNERO: Drama. Comedia


Definitivamente para un servidor una de las cintas más emotivas y hermosas a nivel visual que haya visionado es esta 8 ½ de Federico Fellini,  film que a su vez representa  un reto intelectivo (la otra sería Canciones del Segundo Piso de Roy Anderson) puesto que la sencilla premisa cuenta con infinidad de lecturas en su discurso provocando que  el espectador realice un esfuerzo por decodificar todos los mensajes y símbolos que el director italiano busca transmitir pero sin perder la escencia del lenguaje cinematográfico, la narración.

La historia va sobre un famoso director llamado Guido Anselmi (genial Marcello Mastroianni que funge como el alter ego del propio Fellini) que se encuentra en plena etapa de recesión creativa por lo que busca encontrar en su nuevo  proyecto aquel reconocimiento tanto de público como de crítica que le dieron sus primeros filmes, puesto que su último trabajo no gusto demasiado. Es por esto que Guido (Mastroianni) ingresa a una especie de centro medico en donde además de buscar descanso, también se propone encontrar la inspiración y la cordura (cosa que brilla por su ausencia en el film, jajaja) para poder retomar el vuelo.

Desgraciadamente para el protagonista esto no sucederá pues entre la visita de su amante una hermosa mujer llamada Carla (Sandra Milo), las constantes presiones de su actriz principal (Madeleine Lebeau) por salir en el film, los reclamos de su productor (Guido Alberti) y la inesperada visita de su mujer Luisa (Anouk Aimeé) asi como su cuñada, solo causarán que Guido quede incapacitado para realizar el tan anhelado filme, sin embargo estos acontecimientos desencadenarán algo más extraordinario, que el propio realizador haga un viaje interior que lo hará revisionar su propia existencia por lo que recorrerá varios pasajes de su savia reconociendo a su vez que la mujer, ese ser tan misterioso y fascinante en sus diversas representaciones es sin lugar a dudas parte neurálgica en su coexistencia.

Para no extenderme más en cuanto al planteamiento de la historia puedo decir que esta es el la premisa general del film que firma de manera magistral el maestro Federico Fellini, la cual en manos de cualquier otro director se hubiera convertido en una cinta común y corriente, más sin embargo en manos del realizador italiano esta se transforma literalmente en un viaje onírico, lleno de matices que encierran aspectos a nivel psicológico, plástico, filosófico y hasta metafísicos que hacen las delicias del espectador, pues ya desde su arranque con la excelsa secuencia que abre el film (la cual puede jactarse de contar con una de las puestas en escena más impresionantes que puedan existir) el respetable asistirá a un film que raya en lo netamente conceptual (sin percibirse grandilocuente por cierto).

Es por tal motivo que la principal virtud del film es la manera en que se aborda la narración, puesto que los viajes temporales que se presentan  en la historia se dan de manera natural sin diferenciar la “realidad” de la ficción, de ahí que el relato resulte más enriquecedor pues al presenciar como en cada escena aparecen nuevos personajes y/o situaciones, el respetable debe estar alerta para ir acompañando de la mano al protagonista a cada nuevo nivel narrativo que se va presentando. Por tal motivo los pathos del personaje que encarna Mastroianni servirán como pretexto para abordar temas tan vastos como el culto a la mujer, personaje que será el hilo conductor de la trama y que representa de manera fehaciente las motivaciones de Guido, quien encuentra en estas (las féminas) saciar sus anhelos a nivel afectivos y sexuales pero que a su vez también representan esa fuente de castración masculina, para muestra queda la  sobresaliente escena (llena de humor negro por cierto) donde el protagonista se encuentra en una sala, ataviado con una túnica blanca con sus irreemplazables sombrero y gafas, rodeado de las mujeres que ha deseado, tiene o jamás poseerá, con el único fin de cumplir su fantasía de fungir como su domador para que estas le sirvan en sus deseos, empero en determinado momento las mujeres despertarán de su letargo para revelarse ante el individuo.

Sin embargo también la historia a través de sus jocosos pasajes lleva consigo una férrea y mordaz crítica hacia el mundo del arte, la política, la sociedad y por su puesto al cosmos del cine como queda constatado en la escena donde Guido asiste a una cena y de repente entra un hombre con esmoquin y una mujer que dice adivinar lo que los demás piensan, en ese momento algunos de los comensales quedan extasiados ante tal espectáculo y otros mejor huyen para no quedar expuestos, empero la escencia del mencionado acto es el de descubrir  como la clase social pudiente se place de tan vacuo espectáculo mientras nuestro protagónico busca resolver sus conflictos existenciales y creativos.

Por otra parte hay que resaltar que es innegablemente que el apartado visual del film es de suma importancia para que la historia funcione en sus varios niveles pues ya de entrada la elección de una preciosista y atmosférica fotografía en blanco y negro (a cargo de Gianni di Venanzo) refuerzan el contexto surrealista que el director buscaba transmitir, asi como una puesta en escena dotada de una imagineria visual que solo su autor podía concebir (insisto la apertura del film resulta para un servidor una muestra de maestría) la cual por momentos se descubre barroca (sin llegar a los niveles visuales del Satiricón, 1969) dotando al film de genialidad, como genial también es la banda sonora compuesta por el habitual Nino Rota quien a base de sus acordes también transmite ese aspecto irónico del cual esta impregnado el film.

Asi mismo hay que mencionar que en la cuestión interpretativa los actores cuentan con performances memorables, sobre todo un Marcello Mastroianni ( se percibe natural y cómodo en su papel)  que no se acongoja en reírse de si mismo pues su Guido Anselmi por momentos resulta patético, descubriéndose como un simple ser humano lleno de miedos y defectos. Por otra parte las guapas féminas como Claudia Cardinale, Anouk Aimeé, Sandra Milo o Barbara Steele realizan bien sus papeles como las musas del protagónico.

Finalmente y lo más importante a resaltar sería acotar que esta propuesta cinematográfica se percibe honesta en su contenido resultando fresca aun en la actualidad, por lo que su revisión es obligatoria para todo aquel que guste llamarse amante del séptimo arte. Asi que sin más, los invito a vivir la experiencia de visionar 8 ½ con la única condición de que se dejen llevar y se despojen de cualquier prejuicio para poder disfrutar  de verdadero y buen cine.


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