jueves, 29 de enero de 2015

CINE DE CULTO: ROBOCOP III de Fred Dekker



Título original: Robocop III
Año: 1993
Duración: 104 min.
País: Estados Unidos
Director: Fred Dekker
Guión: Fred Dekker & Frank Miller
Música: Basil Poledouris
Fotografía: Gary B. Kibbe 
Reparto: Robert Burke, Nancy Allen, Rip Torn, Remy Ryan, John Castle, Jill Hennessy, CCH Pounder
Productora: Orion Pictures
Género: Acción.

Hace tiempo que su servidor no tenía la oportunidad de escribir nada en este espacio (ya sea por tiempo o por el desarrollo de otros proyectos), sin embargo cierta tarde que contemplaba el televisor (ok pantalla para no leerme tan arcaico) y cambiaba de canal para encontrar algo de cierto interés, pues resulta que pasarían Robocop III y pensé, ¡tengo que verla de nuevo!, hace tiempo que no me reencontraba con este personaje tan fascinante (y trágico por partes iguales), al tiempo que  mis recuerdos de infante siempre han guardado buenos evocaciones al respecto. Y es que es inevitable no resaltar que Robocop es quizá uno de los personajes cinematográficos más icónicos que se hayan gestado, y todo gracias a ese discurso incisivo sobre la manipulación mediática, el capitalismo y la corrupción.

Aspectos que se meten en la conciencia del espectador gracias a ese vehículo visual tan poderoso que logro filtrar su visionario director Paul Verhoeven a través de un lenguaje ocular que tomaba la violencia más explícita como la materialización del mensaje que se quería expresar. Por supuesto en su momento algunos neófitos solo pudieron ver una cinta de acción o ciencia ficción plagada de violencia descarnada, pasando por alto esa exquisita degustación  del  platillo intelectivo que el director holandés nos había regalado; empero la cinta con el paso del tiempo ha envejecido excelente pues es una obra bien consolidada y arriesgada que aún es nuestros tiempo se percibe osada.

Pues bien centrándonos en la tercera aventura del maltrecho oficial Alex J. Murphy (ahora interpretado por Robert Burke), está ahora nos plantea un futuro no menos distópico que las anteriores (al parecer la visión pesimista sobre la condición humana y las instituciones que conforman esta, se descubre como la basa en la cual  Frank Miller soporta su tesis) y ahora la multipoderosa OCP trama construir grandes centros habitacionales, pues su director corporativo (Rip Torn) ha hecho alianzas con una multinacional de oriente llamado Kanemitsu (Mako), por lo cual de no desalojar a los habitantes de varios barrios del  viejo Detroit podría causar pérdidas millonarias. De ahí que Rip Torn contrate una especie de policía "pacifista" cual cascos azules para ayudar a las labores de desalojo, estos a cargo de Paul McDaggett (John Castle) quien con sus no muy tiernos métodos despojan a los habitantes de sus hogares.

Por si esto no fuera poco la debilitada policía de Detroit sigue en su lucha constante con la delincuencia, la cual por momentos parece rebasarlos en armamento y cantidad, por lo cual Robocop (Burke) sigue siendo una pieza fundamental para el combate de esta. Desgraciadamente cuando su compañera Anne Lewis (Nancy Allen) perece en un enfrentamiento ante el pequeño ejército de McDagget, Murphy decide unirse al reducido grupo de rebeldes que defienden sus hogares, aunque esto signifique romper varias de las directrices que la propia OCP ha implantado en el cerebro de nuestro protagonista y tomar venganza en nombre se su compañera de policia. Como usted podrá darse cuenta y si ya vio las anteriores entregas del héroe metálico, podrá inferir que el arco argumental no contiene nada nuevo bajo la manga, de nuevo se muestra la batalla eterna entre el bien y el mal) y está a años luz de sus predecesoras tanto en fondo como en forma, sin embargo y aunque algunos elementos que caracterizaban a la original aún se conservan aunque en menores dosis (como el humor negro y la ambigüedad moral de los personajes), debo decir que esta entrega da un bajón considerable en cuanto a la calidad de las dos anteriores, ¿la razón?, pues resulta que Fred Dekker no es Paul Verhoeven, y por supuesto ni a Dekker ni a la Orion Pictures les interesaba hacer una obra memorable, sino más bien sacar un poco de pasta extra por la imagen del icónico personaje y la comercialización de la misma.

Motivo por el cual se inserta un personaje infantil que funge como sidekick de Robocop (una pequeña niña de unos 10 u 12 años que es experta en programación), de ahí que las clasificaciones R1 y R2 quedan diluidas y esta cinta se vuelve más accesible para toda la familia. Incluso y pasando por alto este inconveniente (bueno creo que no se puede), se podría decir que esta cinta es más como un comic llevado a la gran pantalla pero mal ejecutado, ¿por qué? Pues bueno tenemos como primer punto el personaje de la niña, el cual ni de broma encajaría en el universo hiper violento creado por Verhoeven cinco años atrás. Segundo punto, el villano (bueno la contraparte de nuestro héroe) un robot samurái (el cual con más presupuesto y un tratamiento más serio de personaje hubiese resultado más jugoso) es desaprovechado y solo se percibe como una de tantas ideas que no se llegan a ningún puerto, y por supuesto el tono de la cinta ya deja de lado la zozobra de las situaciones que suponen ser peligrosas. Por otro lado si hubiese algo rescatable en este aspecto, su servidor, sujeto con alma geek cree que ver a Robocop volando por los aires despachándose a los malos con varios gadgets y aditamentos tecnológicos era un aspecto de los más logrados en la imaginería visual del film.

Sin embargo si usted respetable lector ha leído o por lo menos ojeado algún comic de Robocop, sabrá que lo planteado en esta cinta está muy lejos de tener algo de parecido a ese universo lúgubre y mal sano que plantea Frank Miller en sus viñetas. Por otra parte y quizá el elemento que más se adolece es la ausencia del gran Peter Weller, actor que dotaba de humanidad al personaje y que con toda su expresión corporal hacia suyo el personaje. Y es que para quien piense que ponerse un traje y estar detrás de una máscara podría resultar fácil, pues queda claro que no, ejemplos como el Batman de Keaton en comparación a sus predecesores es un muestra clara de eso, pues estos nunca le llegaron ni a los talones, aqui pasa lo mismo, pues el performance de Robert Burke dista mucho del carisma y personalidad que le imprimía Weller, pero lo peor de todo quizá sea el hecho de que también se han diluido los aspectos psicológicos que hacian de Robocop esa figura rica en motivaciones, al tiempo que resultaba fascinante esa lucha interna que se da entre el hombre y la maquina.

Por otra parte los efectos especiales se perciben menos logrados que la original (algo difícil de imaginar si tomamos en cuenta que han pasado cinco años de avances tecnológicos), hasta la armadura de Robocop luce de menos calidad y algo desproporcionada en cuestion anatómica. Empero no todo es malo, si soy muy honesto puedo decir que la cinta se deja ver y entretiene (por supuesto pasando por alto algunas incoherencias en el guión), pues existen ciertos fotogramas que se quedan en la mente, como por ejemplo el rescate de Robocop a su compañera y otros oficiales de policía a manos de unos vándalos en una zona de las más peligrosas de la ciudad (esta secuencia se percibe bien planificada), o por ejemplo también se muestra la vieja comisaria a cargo del Sargento Reed (el siempre carismático Robert Doqui) quien tiene que lidiar con los psicópatas, prostitutas y padrotes que invaden la misma a cada momento del día. Mencion aparte merece John Castle como Paul McDaggett, pues este se percibe como el verdadero villano de la función y se vuelve interesante por el desarrollo psicológico del mismo, en comparación de los demás personajes (incluyendo al propio Robocop como ya explicaba anteriormente). Y  por supuesto lo que si se mantiene es la excelente banda sonora de Basil Poledouris, la cual dota de cierta personalidad al filme.

Por lo demás la historia no deja de ser un compendio de guiños reciclados de la original (acá los spots televisivos se perciben solo como aspectos discursivos de relleno y ya no tiene ese trasfondo intelectual de la primera) y nada más. Así que como experiencia nostálgica el filme resulta pasable y reafirma la interrogante ¿en verdad era necesaria esta secuela?. Solo para fanaticos y completistas del personaje.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

HER (Ella) de Spike Jonze

Título original: Her
Año: 2013
Duración: 126 min.
País: Estados Unidos
Director: Spike Jonze
Guión: Spike Jonze
Música: Arcade Fire, Owen Pallett
Fotografía: Hoyte Van Hoytema
Reparto: Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Rooney Mara, Olivia Wilde, Chris Pratt, Sam Jaeger, Portia Doubleday, Katherine Boecher, Alia Janine, Matt Letscher
Productora: Sony Pictures Worldwide Acquisitions (SPWA) / Annapurna Pictures
Género: Ciencia Ficción.

Las películas de Spike Jonez tienen la particularidad de combinar el mundo real con el universo onírico, cualidad narrativa en el cual se formulan interrogantes existenciales sobre el ser, como en Being John Malkovich (1999) donde el director plantea la tesis que versa sobre qué pasaría si se fuese otra persona y como todos somos marionetas de un sistema, en Adaptation (2002) la cosa se torna no menos compleja y se nos presenta una especia del 8 ½ (Federico Fellini , 1963) donde Nicolas Cage se pone el traje de actor serio e interpreta a los hermanos Kaufman (guionistas de la propia cinta) y se exponen las neurosis que provoca muchas veces el proceso creativo, por lo cual la narración va tomando tintes en plan meta. Y más recientemente en  Donde viven los Monstruos (2009) Jonze nos manda a un viaje intrínseco a las profundidades más lúgubres y salvajes del propio ser humano a través de un cuento infantil para enfrentar los propios demonios personales.

Pues bien en Her (Ella) Spike Jonze crea un relato bastante intimista, irónico y por qué no decirlo tierno, sobre los procesos de despersonalización del sujeto como consecuencia del uso desmedido de tecnología y como afecta esto cognitiva y sensorialmente al individuo común y corriente. La cinta nos cuenta la historia de un futuro no muy lejano, donde un individuo llamado Theodore (Jaquin Phoenix) de personalidad reservada dedica su vida a escribir cartas bastante emotivas a infinidad de personas (su trabajo consiste en redactar dichos escritos para expresar diferentes emociones según lo pida el cliente), no pasa mucho tiempo para descubrir que la tristeza que emana de nuestro protagonista se debe a que le han roto el corazón pues lleva un tiempo de haberse divorciado ya  de su mujer (Rooney Mara), por lo cual no se relaciona de manera profunda con ninguna persona, y su única válvula de escape es su trabajo.

Empero cierto día Theodore encuentra en venta un novedoso sistema operativo (voz de Scarlett Johansson) que cuenta con características bastante novedosas como el hecho de descubrir que dicho software se halla como una entidad con inteligencia artificial que puede desarrollar intuición, razonamiento y lo más sorprendente; emociones y toma de decisiones (ella se autonombra Samantha), por lo cual se vuelve la única compañía de nuestro lánguido protagonista quien se mantiene en contacto a través de su dispositivo móvil. Es así que entre este peculiar par  inicia una relación en donde el ente humano  desarrolla esa capacidad por compartir sus anhelos, tristezas y cuestionamientos que envuelven su propia humanidad, (los cuales era incapaz de mostrar ante otras personas) haciendo que su contraparte (si se puede llamar utópica) inicie a replicarlo también en estos ámbitos; creándose así posteriormente una relación sentimental que acarreara por supuesto los mismos pormenores de iniciar un vínculo con cualquier otra persona, puesto que Theodore y Samantha experimentaran la emoción de la amistad, el enamoramiento, la adaptación en intereses y caracteres diferentes que los hacen únicos como sujetos, la crisis existencialista que también causa encontrarse en una correspondencia al revelar que en ocasiones los caminos los llevaran por diferentes destinos, y por supuesto la inevitable ruptura que causa esa perfecta imperfección que en ocasiones marcan las complejas relaciones interpersonales.

Empero el guión de Jonze no solo explora en los aspectos que he mencionado con anterioridad, ese estudio que no es poca cosa pues el hecho de que el realizador borde dichos planteamientos con herramientas argumentales basados en un universo que bien podría entrar en los terrenos de la ciencia ficción, por supuesto amplían la credibilidad y la tesis del propio relato; pero lo más sorprendente quizá (y gratificante por lo menos para un servidor)  es también descubrir ese jugoso discurso entre líneas que más bien podrían considerarse cuestionamientos al propio espectador como aquellos que versan sobre la trascendencia espiritual (que no religiosa) por encima de la materia o la infinidad  intelectiva que podría alcanzar el sujeto cuando logre desprenderse de todas sus ataduras; de ahí que por momentos el relato se torna bastante Nietzscheziano.

Por tal motivo el relato se vuelve de vital importancia para el espectador, pues dichos cuestionamientos filosóficos, tecnológicos y humanistas están tan bien planteados que estos corren a través de las motivaciones de los protagonistas, aspecto que finalmente repercute en la tridimensionalidad de los mismos. De ahí que el personaje que interpreta soberbiamente Joaquín Phoenix inevitablemente se torna conmovedor, sus vivencias le importan al espectador pues estas se muestran con naturalidad y coherencia, aun y cuando nos enfrentamos a una peculiar premisa que significa visionar la relación amorosa entre un humano y un “ente” generado por computadora, empero es aquí quizá donde radica la maestría y genialidad para hacer que el relato no se tome en broma, al tiempo que también descubrimos como el realizador de Being John Malkovich  se burla de manera cínica e inteligente  sobre la condición que hemos desarrollado los individuos para relacionarnos y  comunicamos a través  de las dichosas redes sociales y demás aditamentos o gadgets para “socializar”.

De ahí que el relato, el discurso y por supuesto la forma hacen de la cinta una obra redonda como pocas, pues esta se descubre visionaria y honesta; por supuesto todo esto se logra también a que la actuación de Phoenix es soberbia, pues encontramos a un actor que se mimetiza con su personaje (pues se intuye que entiende la fuente original como es el guion) y que por supuesto logra trascender a través de este a su personaje. Así mismo Phoenix se rodea de secundarios de lujo como Amy Adams que vuelve a aprovechar el tiempo disponible frente a pantalla para desmenuzar con talento otro complicado personaje a nivel psicológico (como ya nos tiene acostumbrados), Olivia Wild y Rooney Mara hacen los mismo para ponerle rostro a los infortunios femeninos que sortea el personaje principal; y por supuesto Scarlett Johansson logra darle vida propia a Samantha con tan solo prestar su melosa y por momentos sensual voz, la cual solo hace que el espectador se interese más y más  por su personaje gracias a las meditaciones que va realizando durante el transcurso de la historia.

Por último y no menos importante hay que enfatizar ese diseño minimalista y futurista que aporta la visión de Austin Grog (director de arte) pues logra que el universo que estamos presenciando se perciba  cercano, gracias a la arquitectura, entornos y formas en las cuales cohabitan los personajes; claro esto se enfatiza también gracias a la visión plástica que aporta el director de fotografía Hoyte van Hoytema quien con la aplicación de una paleta en tonos fríos y algunas pinceladas de algunas más cálidas redondea ese universo que a veces se percibe anacrónico por lo futurista y en ocasiones tan temporal que resultan las viñetas mostradas. Finalmente la banda sonora compuesta por la banda Arcade Fire y el arreglista Owen Pallett hace que cada pasaje mostrado destile esa melancolía que impregna al filme.

Así que no queda más que recomendar de manera tajante y casi obligada la revisión de esta extraordinaria cinta, la cual se vuelve cada vez más y más enriquecedora en cada visionado y nos hace la reflexión obligada de que será lo próximo con lo que Spike Jonze nos sorprenderá.


lunes, 7 de julio de 2014

AJUSTE DE CUENTAS de Peter Segal

Título original: Grudge Match
Año: 2013
Duración: 113 min.
País: Estados Unidos
Director: Peter Segal
Guión: Doug Ellin, Tim Kelleher, Bill Gerber Música: Trevor Rabin Fotografía: Dean Semler Reparto: Robert De Niro, Sylvester Stallone, Kevin Hart, Alan Arkin, Kim Basinger, Jon Bernthal, Judd Lormand, Han Soto, Nicole Andrews, LL Cool J., Paul Ben-Victor, Anthony Anderson, Barry Primus, Ireland Baldwin, Kate Reinders, Judd Lormand
Productora: Warner Bros. Pictures / Callahan Filmworks / Gerber Pictures
Género: Drama. Comedia.




Cuando en 1977 John G. Avildsen se hizo con el Oscar con la cinta independiente Rocky sucedieron dos cosas, primeramente Sylvester Stallone inicio una carrera como héroe de acción y convirtió a su personaje Rocky en un icono de la cultura pop que aún hoy en día es un referente tanto en el cine como fuera de él, al tiempo que al actor norteamericano gracias a la prolija carrera que ha desarrollado en ya tres décadas se ha convertido ya en un intérprete de culto (al menos para la generación que lo vio en su esplendor en la época de los años ochenta y noventa como un servidor). Y el segundo aspecto, el director Martin Scorsese a quien le fue arrebatado el merecido Oscar ese mismo año (pues francamente Taxi Driver es por mucho mejor cinta que Rocky, y eso que un servidor es fan de la saga del semental italiano) pues decidió tres años después realizar su propia película sobre box para darles a los tipos de la academia por el culo, entregando la maciza, sórdida y lúgubre Toro Salvaje, cinta que exploraba en las motivaciones y la fracturada psique de su protagonista, el pugilista Jack La Motta interpretado de manera magistral por Robert De Niro, quien por esa época junto a Al Pacino eran respetados y venerados por desarrollar proyectos realmente destacados.

Total que estos dos personajes tanto Rocky como La Motta se volvieron piezas clave en la cinematografía universal, de ahí que durante muchos años siempre hubo esa especie de morbo geek de saber qué pasaría si estos dos personajes se enfrentaran en un ring (comprenden por qué menciono que esta idea es bastante nerd). Pues bien tal parece que este nuevo siglo con tantos avances tecnológicos como las redes sociales, la despersonalización del individuo y el poco interés de las nuevas generaciones por conocer su pasado, (y no digo que todos los jóvenes lo sean pero la mayoría de estos sujetos que viven atados a una Tablet, celular y demás gadgets y que solo son capaces de comunicarse con mensajes de texto sin interactuar de manera física con otro ser humano, pues parece casi imposible que no sepan quiénes son Bergman, Fellini, Allen Pasolini, Scorsese, e incluso los mencionados Stallone o De Niro; y viven creyendo que productos de consumo masivo como son  Los Juegos del Hambre, la ya olvidada saga Crepúsculo o demás “cintas” basadas en penosas novelas son el pináculo del cine actual).

Nos trae ese proyecto que parecía imposible, un filme que en si es casi un ejercicio revisionista, nostálgico y de revaloración a iconos tiempos pasados;  por supuesto las apuestas de que las cosas salieran mal eran bastante altas para una cinta como Ajuste de Cuentas, pues por un lado tenemos a un Sylvester Stallone que si bien nunca ha sido respetado por el sector de críticos especializados por sus bajas cualidades histriónicas (aunque su servidor considera que ahora aborda de manera más solvente sus papeles), el factor más riesgoso era ver a un Robert De Niro haciendo el ridículo por enésima ocasión (quien lo diría tal parece que Stallone ahora apoya a De Niro en su carrera en esta cinta).

Sin embargo su servidor que la verdad no esperaba nada sobresaliente de este filme, pues se llevó una grata sorpresa ya que aunque la cinta del director Peter Segal no trascenderá por ser la comedia más sobresaliente del año, pues si cuenta con algunos chistes autorreferenciales en los cuales tanto Stallone como De Niro se perciben cómodos mofándose de sí mismos (el segundo no tanto), unas dosis de humor negro y por supuesto unos secundarios de lujo como el señor Alan Arkin y Kevin Hart quienes realmente aportan esa mala leche que le hace tanto bien a esta comedia, la cual por momentos se torna bastante correcta políticamente hablando (sobre todo en su tramo final), por lo que en algunos pasajes del filme la cosa da un bajón considerable.

La historia va de dos boxeadores, uno llamado Henry “Razor” Sharp (Sylvester Stallone) y el otro Billy “the Kid” McDonnen (Robert De Niro) acérrimos rivales que mantenían los cuadriláteros a reventar cuando se enfrentaban pues se daban hasta con la cubeta lo que ocasionaba que tuvieran al público dividido en cuanto al apoyo que les brindaban sus seguidores allá a finales de los años setenta, así mismo sus enfrentamientos se volvieron épicos aunque solo fueron dos; y es que la carrera de Razor era la que prometía un futuro prometedor pues después de vencer a McDonnen en una revancha por el título, este decide retirarse extrañamente en el mejor momento de su carrera y con esto cerraba las posibilidades de una tercera pelea, motivo por el cual Billi The Kid se quedaría con una gran frustración y enojo para con Razor.

De hecho estos dos sujetos llevaron su rivalidad afuera del cuadrilátero pues cuando se encontraban en la calle también se peleaban y todo el mundo se preguntaba el porqué de tanta rivalidad (esto lo descubriremos en el tercer acto del filme). Total que después de tres décadas Razor trabaja como obrero en la fundidora de la ciudad de Detroit viviendo modestamente y pagando las cuentas que genera mantener a su ex manager, ahora un vejete gruñón Louis Conlon (Alan Arkin), el cual vive en un acilo para ancianos. Mientras que por otra parte McDonnen supo administrar bien sus ganancias y monto un bar donde además de administrarlo desempeña funciones de show man reviviendo viejas glorias aunque su humor no es el más divertido que pueda uno descubrir. Como el respetable podrá identificar aquí comienzan los guiños a los personajes de Rocky Balboa y Jack La Motta en cuanto a sus rasgos.

Pero por azares del destino un sujeto llamado Dante Slater Jr. (Kevin Hart) quien es hijo de un viejo promotor que trabajo con Razor lo convence para que este junto con Kid trabajen en un proyecto sobre un videojuego donde se les dará vida a ambos pugilistas, empero cuando estos se vuelven a ver frente a frente pues terminan liándose a golpes mientras son grabados en video y posteriormente mostrados es internet lo que causa un furor en las redes sociales, motivo por el cual el nada despistado Dante planea la idea de volver a confrontar a estos luchadores de nuevo en un ring, ya que la respuesta del público ante el pleito añejo entre estos dos tiene el suficiente punch para sacar unos cuantos miles de dólares. Y es así que tanto Razor y Kid aceptan dicho enfrentamiento (aunque sus motivos sean diferentes) por lo cual comienzan ese viaje que los enfrentara con sus viejos y más recónditos demonios personales.

De entrada su servidor agradece la honestidad con la cual el director y el equipo de dicho proyecto han abordado el mismo pues obviando las expectativas (ya sean altas o nulas) hay que decir que la cinta se percibe despojada de cualquier grandilocuencia temática o narrativa, por lo cual dentro de su sencillez se encuentra solo eso que la cinta pretende ser, un filme que homenajea y cuestiona (tal vez con un poco más de acidez el resultado hubiese sido más satisfactorio) el estatus de iconicidad de la cual gozan sus dos intérpretes con su dos respectivos personajes y al cual se le pretende desacralizar a través de varios gags que por momentos logran el objetivo.

Es así como Stallone y De Niro llevan a buen puerto sus respectivas interpretaciones como viejas glorias de cine, y mientras el primero se percibe cómodo en una variable de la encarnación del Semental Italiano (escena de netrenamiento dentro de  la carnicería incluida) el otro recurre a los tics interpretativos que lo han caracterizado en lo referente a su etapa cómica (la cual por supuesto no es lo mejor de De NIro) y en ocasiones se percibe algo incómodo haciendo de vejete con aspiraciones a revivir viejas glorias. Empero también resulta interesante descubrir que las motivaciones de estos sujetos se descubren universales y resultan ser símbolos que enfrentan esas adversidades que cada individuo tiene o quiere superar en su propio entorno social o emocional; lo que también nos lleva a descubrir que quizá Ajuste de cuentas sea más una variante de la saga Rocky ya que mantiene más ese espíritu discursivo de la misma que con la lúgubre Toro Salvaje, por lo cual De Niro solo presta el cuerpo y el rostro para de alguna manera se recuerden los rasgos físicos de Jack La Motta (aunque estén bastante diluidos a nivel psicológico).

Sin embargo es evidente que existe química entre Stallone y De Niro por lo cual la cinta se hace bastante fluida cuando estos están frente a pantalla, empero también es indudable que la cinta sube varios niveles cuando el señor Alan Arkin aparece en escena, pues este se reserva los mejores y más ácidos momentos con los que contará la historia, pues siendo consiente también de su estado físico, Arkin despliega los mejores gags sobre la condición de la senectud y sus consecuencias. Al tiempo que este hace magia cuando este se encuentra cara a cara con Kevin Hart (comediante que aquí se descubre bastante fresco en su interpretación)  pues sin lugar a dudas estos se comen la pantalla solos (no sé si esto sea bueno o malo siendo Stallone y De Niro los protagonistas, pero esto es solo en un corto lapso de tiempo). Ya lo de la aparición de Kim Basinger es un mero recurso dramático para torcer un poco más las motivaciones del personaje de Razor (Stallone) pero al final no deja de descubrirse solo como un recurso meramente maniqueo para abonar más a la sensibilidad del respetable, con todo y que Basinger saca a buen puerto un papel que tampoco se percibe tan complejo pero sin lugar a dudas la experiencia de la actriz logra dotar de seriedad al mismo.

Por otra parte es importante mencionar que el discurso de la cinta no solo queda en aspectos meramente revisionistas y nostálgicos de un cine que fue (aunque al parecer ahora Stallone pudiera parecer sinónimo de este fenómeno cultural postmodernista), si no que también el guion abona en un análisis sobre la mediatez del estrellato y los fenómenos socioculturales que se dan en las redes sociales (aunque no ahonde demasiado en esto), o como diría el propio Andy Warhol varias décadas atrás “en el futuro todo mundo será famoso durante quince minutos” haciendo alusión al poder de los medios de comunicación y el claro crecimiento desmedido de los reality shows. Ahora bien la labor de Segal detrás de cámaras es bastante correcta pues nunca pierde de vista los elementos importantes que hacen de Ajuste de cuentas una comedia entretenida, más sin embargo por momentos el director de Get Smart (2008) deambula por los terrenos del telefilme lo que da un bajón considerable sobre todo en su tramo final cuando se cierran subtramas como las del nieto y el hijo perdido de Kid (aunque el montaje y ritmo del enfrentamiento final entre los dos pugilistas es bastante emocionante pues Segal resuelve visualmente bien este y por supuesto la alegoria que representa el tema boxistico queda bastante claro).

Así que sin más que abonar a este análisis diré que me gusto Ajuste de cuentas, si con todo y algunos aspectos trillados en el guion, con las posibles malas actuaciones de Sly y De Niro, con la posibilidad perdida de haber hecho una comedia realmente negra, pero más sin embargo debo agradecer que este ejercicio revisionista se descubre honesto en su planteamiento, por lo cual no engaña a nadie y si usted está dispuesto a verla sin prejuicios encontrara eso, una historia afable en donde podremos ver el posible futuro que tuvieron Rocky Balboa y Jack La Motta en un universo paralelo.